Toda mi vida he estado vinculado a la música y a la danza, desde el jardín de infancia. Pero de alguna manera mi abuelo, que era arquitecto, me influyó, y tenía dos posibilidades: ser arquitecto o ser músico y cantante. Primero probé arquitectura, pero no fue muy bien. Sé dibujar un poco, pero no soy muy bueno en matemáticas, que es lo más importante en arquitectura. Entonces decidí probar con la música. Primero estudié música pop — canto pop — y más tarde me convertí en cantante de ópera.
El porqué es una buena pregunta. Simplemente había algo ahí, algo que sentí y decidí probar. Mi primera profesora de pop me dijo: «Definitivamente puedes intentarlo. Tienes una buena voz, solo necesitas desarrollarla y trabajarla.» Después empecé el colegio, más tarde el conservatorio, el estudio de ópera y ahora, pues, estoy aquí.
—¿Cuáles dirías que son tus roles soñados?
Mis roles soñados, en el futuro, quizá dentro de diez años, me encantaría cantar Rigoletto de Verdi, que es mi favorito. Y ahora… Il Barbiere di Siviglia, La Bohème (Marcello — ya lo he hecho, pero sigo enamorado de él), Don Giovanni.
—¿Qué consejo darías a los futuros concursantes?
Un repertorio adecuado, un buen profesor, una buena preparación y una visión clara de tu personalidad en esta profesión, así como del objetivo — el porqué lo haces.
—¿Qué nos puedes decir respecto a tu canto de Zarzuela?
Pues que, lamentablemente, no hablo español, pero tengo muy buenas profesoras: Tanya Lorenzo Castro, de Gran Canaria, y Marcela Rahal, que ganó el primer premio hace dos años y es de Brasil. Ambas me han ayudado a desarrollar mi pronunciación en español y les estoy muy agradecido.
—¿Qué importancia crees que tienen concursos como este para los jóvenes cantantes?
Es fantástico que se organicen concursos para jóvenes cantantes; son muy importantes para nuestro crecimiento. Ganar está bien — hay premios, contactos — pero lo más valioso es todo lo que aprendes y creces durante la preparación.
Impulsar estas iniciativas es esencial para la cultura. En mi país ahora no es posible, y hay mucho talento que tiene que marcharse al extranjero para poder desarrollarse. Por eso es clave el apoyo de los mecenas y de las instituciones: hay que invertir para preservar tradiciones como la zarzuela y la música clásica, y dar oportunidades a los jóvenes. Nosotros somos la próxima generación y debemos continuar este camino.
—En tres palabras, ¿cómo definirías el Concurso Tenor Viñas?
Colorido, buena preparación y prestigioso.