Por segundo año consecutivo, el Concurso Tenor Viñas y la Fundación Amigos del Teatro Real colaboran para impulsar la proyección de jóvenes talentos en el mundo de la ópera con el encuentro Voces en Crecimiento. La actividad se ha celebrado en el marco del programa de la 6.ª edición de Crescendo: Creamos ópera —una iniciativa orientada a complementar la formación académica de cantantes, pianistas y ayudantes de dirección de escena—, y con motivo del Concierto de Ganadores del 63.º Concurso Tenor Viñas en el Teatro Real de Madrid, celebrado el pasado mes de marzo.
El objetivo del encuentro ha sido ofrecer un espacio de diálogo directo entre los participantes de Crescendo y los ganadores del 63.º Concurso Tenor Viñas. En esta edición han participado Vladyslav Buialskyi, 1.º premio; Yuliia Zasimova, 2.º premio; y Felix Park, 4.º premio, además del director de orquesta Julio García Vico, quien dirigió la Orquesta Sinfónica del Liceu en el Concierto de Ganadores de la 63.ª edición y que también estuvo al frente de la orquesta titular del Teatro Real en el concierto de ganadores del Concurso Tenor Viñas en el Teatro Real de Madrid.
Como instituciones comprometidas con la proyección de jóvenes profesionales en el mundo de la lírica, es esencial generar espacios de diálogo e intercambio entre estos talentos. En este sentido, la sesión se convirtió en un punto de encuentro donde los participantes compartieron experiencias, inquietudes y reflexiones, poniendo en contacto a artistas que están en los inicios de su trayectoria profesional con jóvenes que aún se están formando y aspiran a ello.
La dinámica del encuentro se estructuró en tres grupos reducidos para favorecer la participación activa y un intercambio más cercano. Cada grupo reflexionaba sobre un tema específico, con un conjunto de preguntas que sirvieron como punto de partida para el debate.
JÓVENES Y ÓPERA CON VLADYSLAV BUIALSKYI, PRIMER PREMIO DEL 63.º CONCURSO
En este grupo se pone en el centro de la conversación la idea de que la ópera no interesa a los jóvenes, y entre todos comentan que se trata más bien de una cuestión de cómo llegar a ellos, señalando la difusión y el acceso más que el interés en sí. De este modo, identifican el desconocimiento como una barrera principal.
Por otro lado, también explican que muchos jóvenes perciben la ópera como algo antiguo y distante, y que es un género que requiere una mayor implicación interpretativa que otros para poder disfrutarlo, pero que ofrece una experiencia emocional distinta de la música convencional. En esta misma línea se genera debate sobre cómo despertar ese interés y cómo acercarla a los jóvenes, y si es necesario adaptarla o no; defienden que no debe transformarse en exceso, sino potenciar su riqueza y calidad intrínsecas. La clave sería encontrar un equilibrio entre preservar la esencia y dialogar con las tendencias actuales. Otra cuestión que destacan es la importancia de acercar este género a la infancia y la adolescencia, un público que describen como sensible y capaz de apreciarlo.
Partiendo de una visión contemporánea, también aparece la idea de trasladar la ópera fuera de los espacios tradicionales, iniciativas como conciertos en entornos cotidianos (por ejemplo, barrios o espacios no convencionales) ayudan a romper esa distancia que pueden percibir no solo los jóvenes, sino el público en general.
Finalmente, también destacan la importancia de la dimensión visual y escénica para nuevos públicos; propuestas más espectaculares y accesibles pueden facilitar la conexión inicial. Así pues, el gran reto es dar a conocer y acercar las artes en vivo en general a los jóvenes y potenciar su valor sin necesidad de transformarlas.
FORMACIÓN Y TRAYECTORIA PROFESIONAL CON YULIIA ZASIMOVA, 2.º PREMIO DEL 63.º CONCURSO
El segundo grupo aborda los retos de construir una carrera profesional en el mundo de la ópera siendo joven. Ante ello, la perseverancia emerge como un factor clave, y el rechazo es habitual, por lo que es necesario saber gestionarlo con una mirada objetiva. Los participantes remarcan la importancia de separar la crítica artística de la identidad personal, así como de mantener la confianza en uno mismo. También se valora el apoyo del entorno cercano, de amigos y familiares, esencial para sostenerse emocionalmente en un contexto exigente.
En cuanto a las oportunidades, el grupo identifica que cada vez hay más, especialmente en Europa, con concursos, programas para jóvenes artistas e iniciativas formativas que facilitan los primeros pasos profesionales. En cambio, en otras regiones como América Latina, estas oportunidades son más limitadas, tal como señala uno de los participantes de Crescendo, procedente de América Latina, que ha experimentado un aumento significativo de las oportunidades profesionales desde que se trasladó a Europa. En cualquier caso, destacan la necesidad de ser proactivo: buscar convocatorias, concursos y competiciones, participar en cursos y establecer contactos dentro del sector para ir ganando visibilidad.
En este grupo se contaba con la presencia de un pianista y una directora de escena como integrantes del programa Crescendo, que aportaron una visión diferente a la de los cantantes. Hablaban de una visibilidad considerablemente menor en comparación con los cantantes y de menos opciones formativas específicas. Esto les obliga a buscar caminos alternativos para acceder a la profesión, basados más en la autoformación y, sobre todo, en los contactos dentro del mundo profesional.
Como punto final a destacar, la ganadora Yuliia Zasimova señalaba que, a la hora de proyectarse y comenzar en la carrera profesional, el objetivo no es competir con los demás, sino competir y evolucionar con uno mismo y construir una identidad artística propia.
El tercer grupo reflexiona sobre el papel de las redes sociales, la IA y su aplicación en el mundo de la ópera. Respecto a las redes sociales, las sitúan como una herramienta clave de promoción y construcción del perfil artístico de cara al público. Llegan a la conclusión de que, a diferencia del pasado, cuando la visibilidad dependía de la prensa y de los grandes teatros, hoy los artistas pueden gestionar directamente su imagen y llegar a públicos amplios gracias a las redes sociales. Esto democratiza el acceso, pero también genera presión para mantener una presencia constante.
También señalan que las redes sociales facilitan la conexión entre artistas y contribuyen a acercar la ópera a nuevos públicos, especialmente a los más jóvenes. Julio García Vico reflexiona sobre cómo las redes sociales sitúan a los cantantes de ópera dentro de un mismo ecosistema de consumo que los artistas de música mainstream: en una misma plataforma, el usuario puede encontrar y consumir de manera inmediata tanto un vídeo de un cantante pop como el de un intérprete de ópera. Esta convivencia rompe las distancias tradicionales con el público y facilita el acceso, a diferencia de hace unos años, cuando la ópera quedaba prácticamente limitada a la experiencia presencial en los teatros. Esto contribuye a reforzar su visibilidad y relevancia en el contexto actual. Como conclusión general, ponen de manifiesto que las redes sociales ya no son solo una herramienta útil, sino un elemento necesario para mantener la ópera viva y conectada con el presente.
En cuanto a atraer a las nuevas generaciones, defienden que la ópera puede resultar atractiva precisamente por su autenticidad y por su carácter único como experiencia en vivo, en contraste con el consumo digital habitual. En este sentido, tal como señala Felix Park, preservar la tradición puede convertirse, paradójicamente, en una vía eficaz para captar el interés de estos nuevos públicos.
En cuanto a la inteligencia artificial, al principio surgen opiniones más diversas, sobre todo en relación con el consumo. Algunos la utilizan como una herramienta habitual en su día a día y también como apoyo profesional. Es el caso de Julio García Vico, que la emplea en la creación o adaptación de repertorio. Otros, en cambio, hacen poco uso de ella. En general, se reconoce su potencial, pero también el riesgo de perder la dimensión más personal y artística, aquello que hace humano el arte y, especialmente, las artes en vivo. En relación con esta idea, el grupo coincide en que, por el momento, las artes en vivo siguen siendo insustituibles, ya que la imperfección, la emoción y la presencia humana son elementos que la tecnología no puede replicar.